Teléfono Público

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El hombre gritaba en el teléfono público de la avenida. Su voz, estremecida, exigía al invisible interlocutor:
¡Por Dios, no me contestes siempre lo mismo!
Marisa se detuvo unos pasos detrás del hombre, esperando turno, algo atemorizada ante su desaforado enojo. Su grito rabioso: “Lucía, no me cortes, contestáme “ dejaba entrever un mundo de violencia.
“Es un golpeador “, pensó Marisa al instante, “o un amante despechado”. Casi le era posible visualizar las diferentes escenas de odio y celos que las imprecaciones del hombre le sugerían.
Mientras tanto, él había vuelto a marcar y, al comunicarse, reiteraba sus gritos, ya casi alaridos de furia, los que acompañaba con puñetazos sistemáticos sobre el panel de vidrio.
Fascinada ante el paroxismo del sujeto, no atinaba a marcharse y buscar otra cabina. Intentando poner algo de cordura al momento, trató de pensar que quizás era un problema de trabajo, o de dinero.
Pero no, esa rabia latente sólo podía provenir de una gran pasión. Él insistió varias veces más con la llamada, sin lograr, en apariencia, que Lucía le contestara, o al menos lo escuchara. Arrojó entonces el auricular contra el piso, el que quedó inerte, rebotando sobre sí mismo, en el extremo del cable elástico, y se alejó a grandes zancadas, mascullando su ira.
Aterrada, Marisa levantó el tubo para colgarlo en la horquilla, y al hacerlo, advirtió que la comunicación continuaba abierta. Llevó el auricular a su oído, conteniendo la respiración ante su inesperada intromisión en la llamada ajena, pero fue sólo para escuchar una monótona voz femenina que repetía, incansable:
“Telefónica de Argentina le comunica que el número solicitado no pertenece a ningún abonado en servicio…”