Algunos barrios recordaron la década del 80 con los cortes de luz prolongados.

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Los porteños recuerdan que en 1988 durante la presidencia de Alfonsín los cortes de luz eran prominentes. Algunos barrios de la Ciudad aún reviven la época y la asimilan con la actualidad.

El comienzo del 2015 no fue muy alentador para todos. Altas temperaturas y los mismos cortes de luz que ocasiona disturbios, enojos y protestas además de los daños ocasionales que produce en combinación con un verano agotador.

La falta de infraestructura y los controles a las entidades encargas de proporcionar energía eléctrica continúan como hace 28 años: sin novedades.

Los cortes de luz en verano ya son una constante. Parecen no tener solución y a pesar de los reclamos año tras año nada varía.

Como si la situación fueses satisfactoria, los costos de energía eléctrica se incrementaron un 200% lo que aumenta el malestar y la incomodidad entre los porteños.

Según los meteorólogos este año se vivió el verano más caluroso de hace muchísimo tiempo. Esa quizás fue una de las razones por la que quedo en evidencia la falta de inversión tecnológica que pon al descubierto las falencias de un sistema de energía decadente que cintinua siendo la misma que hace 28 años atrás.

Si nos remontamos a la historia, en 1988 durante la presidencia de Alfonsín, algunos problemas con la Central Hidroeléctrica de Embalse Rio III en l Central Nuclear ocasionaron serios conflictos de energía eléctrica. En ese periodo se vivió la más grande crisis energética que atravesaba el país hasta ese momento.

Hoy transcurrido 28 años y con supuestos cambio nada mejora. La población creció, la Ciudad se expandió y las temperaturas cada veranos parecen dar batallas. Sin embargo el infierno de un sistema de energía eléctrica decadente para unan ciudad que crece a pasos agigantados sigue siendo la misma.

En aquellos años, las avenidas de la Capital Federal sufrieron la reducción obligatoria de un 50% de iluminación. Por todos los medios, la Ciudad buscaba reducir el consumo de luz.

De esta manera las farolas decorativas de la Ciudad tanguera dejaron de brillar y los edificios públicos quedaban a oscuras pasadas las 20hs.

Los más afectado de aquel entonces fueron los locales comerciales que caído el sol dejaban de ofertar sus productor en vidriera para sumirse un una oscuridad nula.

La Ciudad parecía tan solo un pueblo y los porteños Viviana media luz .Los letreros de los teatros y cine del momento no brillaban como si estuvieran en una gran Ciudad sino que se adaptaban a la realidad del momento.

Los canales de televisión debieron recordar sus horas de programación y las producciones locales disminuyeron de manera considerable.

Una situación que en algunos barrios de la gran Ciudad aun se repiten como si todo siguiera igual a aquel 1988.